La chica del semáforo y el hombre del coche

La chica del semáforo y el hombre del coche
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Casi cuatrocientas páginas para desarrollar una de esas tramas que llegan con su vitola de originalidad. En un ámbito del género negro en el que siempre se esperan nuevas voces capaces de colmar de imaginación ese espacio en el que el crimen se convierte en algo acechante, morboso. Más aún desde la capacidad de una mente empeñada en la destrucción como su fundamento vital.

Con la intriga de las grandes novelas policíacas en las que te sientes capaz de ir desmadejando un ovillo hacia un descubrimiento entre lo atroz y lo fascinante, vamos adentrándonos en esa extraña sinergia que finalmente concita al bien y al mal de la manera más insospechada.

Porque Jack Miller es un brillante matemático, o al menos su mente es capaz de moverse a sus anchas entre los números que van fijando las probabilidades, las causas y efectos como una fórmula, los destinos como una operación combinada que no por compleja deja de ser resoluble.

Las probabilidades también tienen sus teorías. Y quienes se adentran en ellas pueden llegar a derivar consecuencias desde eventos previos.

Pero lo mejor de todo es que el componente matemático sirve para que cualquier lector emprenda un particular viaje hacia los pozos del alma, hasta ese azar que compone nuestras células y que puede concluirse en el fin más siniestro.

Del asesino de esta trama tan sólo conocemos sus teatrales detalles, los de una obra que apunta a continuidad pero cuyos vínculos se pierden en esa formulación causa y efecto presentada sólo desde las potencialidades matemáticas.

Y así, entre las pesquisas de un FBI cuyos agentes naufragan constantemente, Jack Miller tomará un papel preponderante en el que todos sus estudios sobre lo probable, posible y lo imposible, en el marco de una aleatoriedad con secuencia propia, apunta a la única solución para detener al asesino.

Pero quizás este no sea el mejor momento para Jack y la puesta en práctica de su teoría. Nuevas variantes personales pueden desenfocar su atención. Y quizás tampoco esto sea mera casualidad…

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