Los 3 mejores libros de Giuseppe Scaraffia

Los escenarios de Scaraffia se llenan de personajes ilustres. Y con ellos la misión de Scaraffia es hacer del ensayo y la crónica una especie de metaliteratura donde la realidad adelanta a la ficción por la derecha. Porque hablar de los genios en arte, literatura, cine o cualquier otro campo destacado de lo humano es compensar el mito con la obra, para acabar estructurando esa otra historia donde habitan los referentes de la humanidad como civilización.

Solo que en el caso de Scaraffia siempre hay escenarios compartidos (entendibles desde su formación en literatura francesa). Espacios de aquí y de allá de la Francia más esplendorosa. En ocasiones encuentros imposibles donde el tiempo y el espacio se repliegan para concitar a unos y otros en maravillosas síntesis que quizás pudieran dar explicación a mucho de lo más ignoto si realmente se hubieran producido. Conceptos abiertos de par en par sobre la creatividad, la inteligencia y en resumen de la psique.

Quizás sea cosa de lo francés como una idea que nace entre lo melancólico y lo apasionado del deje de su lengua. La cuestión es que Scaraffia se recrea en esa idea para suspender los instantes vividos en aromas y tacto. Logrando así que se pueda habitar el mundo transformados en el personaje de turno.

Top 3 libros recomendados de Giuseppe Scaraffia

La otra mitad de París

Par√≠s bien vale una misa, como dir√≠a alg√ļn rey asumiendo que disponer de Par√≠s justificaba cualquier otra decisi√≥n con un componente aleatorio o de readaptaci√≥n ad hoc. Bien lo sabe Scaraffia a tenor de la representaci√≥n sin parang√≥n que hace de un Par√≠s remoto pero siempre tangible en su obra.

A veces confundimos Par√≠s con la estampa bohemia de la margen izquierda del Sena, la conocida rive gauche. Pero, en el per√≠odo de entreguerras el escenario principal de la vida art√≠stica, literaria y mundana de la Ciudad de la Luz fue la otra orilla: la olvidada rive droite. Tras el desastre de la Gran Guerra, corr√≠an vientos de revoluci√≥n en las costumbres y las artes. Fueron los a√Īos de la emancipaci√≥n de la mujer, de los bailes fren√©ticos y de la acci√≥n pol√≠tica, de la provocaci√≥n surrealista y del nacimiento de la novela moderna.

Los a√Īos de Henry Miller y Ana√Įs Nin, Raymond Roussel, Marcel Duchamp, Elsa Triolet, Simone de Beauvoir, Andr√© Malraux, Marcel Proust, Colette, Vita Sackville-West, Louis-Ferdinand C√©line, Jean Genet, Coco Chanel, Jean Cocteau, Sonia Delaunay, Marina Tsviet√°ieva, Isadora Duncan, Stefan Zweig‚Ķ Y de otros muchos que convirtieron la ribera derecha en el centro del mundo. Con la estructura de una peculiar gu√≠a de viaje que nos descubre un mundo desaparecido.

La otra mitad de Par√≠s se cuela en las calles y las casas, los hoteles y los caf√©s, las bibliotecas y los clubes nocturnos que habit√≥ esa apabullante galer√≠a de exc√©ntricos parisinos (pues todos ellos lo fueron, bien por nacimiento o por renacimiento). Y combina las cualidades que han convertido a Giuseppe Scaraffia en un preciado autor de culto: una erudici√≥n fuera de lo com√ļn, un vitalismo radical y el pulso, entre humor√≠stico y tierno, del buen contador de historias. En definitiva, este libro no es el mero mapa de una ciudad o de un tiempo pasado, sino la representaci√≥n v√≠vida de una manera de entender el arte como una forma intensificada de la vida, y viceversa.

La otra mitad de París

Los Grandes Placeres

Mientras los autores de autoayuda se desgastan en libros y libros sobre la mejor ruta hacia la felicidad, Scaraffia nos traslada a lo que grandes personalidades planteaban como la simplemente probable mejor opción hacia esa felicidad. Con la humilde noción de que no hay quien lo sepa a ciencia cierta.

El escritor franc√©s Jules Renard dec√≠a que la √ļnica felicidad consiste en buscarla. Su ausencia es la mayor forma de ¬ęvac√≠o¬Ľ, y cada cual se ocupa de amueblar ese vac√≠o, de llenarlo, como puede. Unos con objetos, otros con experiencias y sensaciones; incluso con eso que llamamos amor. Desde el m√≠stico hasta el aficionado a los juegos de azar, desde el guerrillero hasta el coleccionista, todos persiguen lo mismo; como sab√≠a Somerset Maugham, ¬ęlas cosas que se nos escapan son m√°s importantes que las que poseemos¬Ľ.

Algunos, como Voltaire, admiten que en el fondo lo √ļnico que hay que hacer es cultivar un jard√≠n: ah√≠ encontraremos una forma pura de la felicidad; otros la hallar√°n en ciertos objetos, por humildes que sean, en los que parece encarnarse la belleza. Cada cual tiene su propia receta y a menudo los m√°s disolutos parecen los m√°s sabios. Son muchos los que creyeron, y creen, que los grandes placeres (incluso el ¬ęsimple¬Ľ placer de desear) nos ofrecen la mayor forma de felicidad posible, la √ļnica forma en realidad.

Hay en este libro muchas pistas y muchas citas, tanto de grandes mujeres como de grandes hombres (escritores, artistas, cineastas…). Algunos de sus placeres pertenecen ya al pasado, aunque disfrutaremos al leer sobre ellos; pero la mayoría, por suerte, no tiene fecha de caducidad. Como los besos y las bicicletas, el café y el chocolate, los viajes y las flores.

Los grandes placeres

La novela de la Costa Azul

Lo del microcosmos narrativo se convierte en esta novela en un universo salpicado de estrellas. No nos cansamos de descubrir fulgores aquí y allá entre tantos y tantos personajes que dejaron su paso por el mundo como una fascinante estela de estrella fugaz.

√Čsta es la fascinante historia de un lugar m√≠tico y de los m√°s de cien personajes legendarios que vivieron en √©l durante alg√ļn tiempo. De Ant√≥n Ch√©jov a Stefan Zweig, de Scott y Zelda Fitzgerald a Coco Chanel; pasando por Guy de Maupassant, Friedrich Nietzsche, Pablo Picasso, Alma Mahler, Aldous Huxley, Katherine Mansfield, Walter Benjamin, Ana√Įs Nin, Somerset Maugham o Vladimir Nabokov, entre muchos otros.

Durante siglos, la Costa Azul no fue m√°s que una costa cualquiera, un lugar donde embarcarse o desembarcar. De hecho, a finales del siglo XVIII los ingleses residentes en Niza eran s√≥lo cincuenta y siete. Sin embargo, ya a principios del XX, Jean Lorrain escrib√≠a lo siguiente: ¬ęTodos los chalados del mundo se dan cita aqu√≠‚Ķ Vienen de Rusia, de Am√©rica, del √Āfrica austral. Menudo ramillete de pr√≠ncipes y princesas, marqueses y duques, verdaderos o falsos‚Ķ Reyes con hambre y exreinas sin un duro‚Ķ

Los matrimonios prohibidos, las examantes de los emperadores, todo el cat√°logo disponible de exfavoritas, de crupieres casados con millonarias americanas‚Ķ Todos, todos est√°n aqu√≠¬Ľ. Sin embargo, para la mayor√≠a de escritores y artistas, la Costa Azul era justamente lo contrario: un lugar de soledad, de creaci√≥n, de reflexi√≥n; un lugar donde descansar de la gran ciudad. ¬ęLa Costa¬Ľ, dec√≠a Cocteau, ¬ęes el invernadero donde despuntan las ra√≠ces; Par√≠s es la tienda donde se venden las flores.¬Ľ

Todavía hoy, esa mítica postal paradisiaca no sólo nos recuerda los anuncios más sofisticados de Martini o Campari, sino también la elegante comodidad del pantalón palazzo con alpargatas (inspiradas éstas, al igual que las camisetas a rayas y el gorrito blanco, en la indumentaria de los marineros y pescadores de la zona).

En ese mismo imaginario, la juventud ¬ędisipada y brillante¬Ľ de Fran√ßoise Sagan y Brigitte Bardot se impone en ocasiones sobre el recuerdo de Simone de Beauvoir y sus amantes o sobre la Marlene Dietrich que le√≠a all√≠ mismo las novelas de su vecino Thomas Mann. Georges Simenon, con su infalible perspicacia, retrat√≥ a la perfecci√≥n qu√© era en su √©poca la Costa Azul: ¬ęUn largo bulevar que empieza en Cannes y acaba en Menton; un bulevar de sesenta kil√≥metros flanqueado por villas, casinos y lujosos hoteles¬Ľ.

El resto aparec√≠a en cualquier folleto publicitario: el sol, el c√©lebre mar azul, la monta√Īa; los naranjos, mimosas, palmeras y pinos. Sus pistas de tenis y campos de golf; sus abarrotados restaurantes, bares y salones de t√©.

La novela de la costa azul

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