3 mejores libros de Selva Almada

Nada en la literatura tiene unas pautas de desarrollo estándar, como en cualquier otra actividad creativa. Pero sí que es cierto que algunas potencias se vaticinan resultados interesantes. O sea, que empezar escribiendo relatos o poemas es bastante garantía de moldear al escritor o escritora definitivos, cargados de oficio y de recursos.

Selva Almada es otro ejemplo afortunado de la literatura de cuna, como pueda ser su compatriota Samanta Schweblin, ambas de una misma generación de elevadísima narrativa actual que empezaron desde la intensidad prosística pero lírica de lo breve, incluyendo versos.

Actualmente Selva Almada es ya una novelista de cuajo que compatibiliza sus tramas más prolongadas con ese gusto por el relato y el cuento que nunca se abandona del todo. En uno u otro formato encontramos vidas hechas detalle, pinceladas oportunas que ofrecen desnudados del alma al atento observador. Un observador o lector que acaba por descubrir fascinado los mejores detalles de un lienzo extendido con la cadencia mágica de la brillante narrativa de la autora.

Top 3 libros recomendados de Selva Almada

Ladrilleros

En muchos jovenes escritores actuales se descubre un plausible gusto por una literatura de mayor poso que los dictados comerciales. Se trata de escritores como Selva que se buscan en su particular Macondo para acabar creando nuevos universos ricos en humanismo, una perspectiva muy necesaria en la buena literatura de esencia concienciadora y transformadora. Esta novela es una buena muestra.

Amanece en un terreno baldío, ocupado por una gran noria. Dos cuerpos yacen en el suelo, rodeados de barro y hierbas mustias, sin que sepamos bien qué hacen ahí ni de dónde han venido, pero la memoria habla.

Ladrilleros es el relato de una enemistad casi legendaria entre dos cabezas de familia, Oscar Tamai y Elvio Miranda, dos ladrilleros que trabajan de día para ganarse el pan y se pierden de noche en el juego y el sexo, las únicas diversiones que están al alcance de casi todos en un pueblo argentino donde el calor aprieta y las palabras faltan. Quienes pagarán el precio de tanto odio serán los hijos de estos hombres tan hombres, y la historia de todos va desfilando a la sombra de una noria que da vueltas en el vacío.

Con un lenguaje que gobierna la desesperación y un estilo heredado de los maestros de la gran literatura, Selva Almada nos lleva sin más trámites al territorio del macho, un varón bronco que se sabe débil y por eso ama de malas maneras y mata con saña, mientras las mujeres hacen lo que hay que hacer para que la vida siga adelante.

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Chicas muertas

Que la realidad supera la ficción es un topicazo infumable por repetido. Y solo autoras como Selva o la colombiana Laura Restrepo en su obra “Los divinos“, elevan de nuevo la idea de esa realidad que lo sobrepasa todo (para mal habitualmente) en busca de una concienciación sobre unos hechos necesariamente recuperables para abordar culpas y exorcismos.

La prosa nítida de Selva Almada plasma en negro lo invisible, y las formas cotidianas de la violencia contra niñas y mujeres pasan a integrar una misma trama intensa y vívida. Con Chicas muertas la autora abre nuevos rumbos a la no ficción latinoamericana.

«Tres adolescentes de provincia asesinadas en los años ochenta, tres muertes impunes ocurridas cuando todavía, en nuestro país, desconocíamos el término femicidio.»

Tres asesinatos entre los cientos que no alcanzan para titulares de tapa ni convocan a las cámaras de los canales de Buenos Aires. Tres casos que llegan desordenados: los anuncia la radio, los conmemora un diario del pueblo, alguien los recuerda en una conversación. Tres crímenes ocurridos en el interior del país, mientras Argentina festejaba el regreso de la democracia. Tres muertes sin culpables. Estos casos, convertidos en obsesión con el paso de los años, dan lugar a una investigación atípica e infructuosa.

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El viento que arrasa

Una de esas primeras novelas que ya convencía del nacimiento de una nueva voz de la literatura en español. Una de esas historias que detienen el tiempo, que atraen el cosmos como un imán ubicado entre los personajes de la trama.

El calor agobia en el monte chaqueño. ¿Lloverá? Varados por una falla mecánica, el reverendo Pearson y su hija Leni esperan pacientes que el Gringo Bauer y Tapioca, el chico que hace años han dejado a su cuidado, pueda repararla para seguir camino.

En ese cementerio de autos desmantelados y chatarra agrícola, los adolescentes pasan el rato y los adultos conversan sobre sus propias vidas. El encuentro inesperado cambiará a todos. Padres de sus hijos, hijos a su vez, los adultos se verán confrontados a sus creencias y pasados, un modo de prepararse para lo que vendrá.

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