3 mejores libros de Ricardo Alía

Si es cuestión de etiquetar o de definir corrientes, pues se hace. Al final no deja de ser más que un recurso consustancial a nuestra condición y nuestra voluntad de control y organización.

Valga este rollo para apuntar a la sintonía generacional y temática de varios autores de la generación X (nada más guay que pertenecer a este selecto grupo con evocaciones a extraños poderes. Los babyboomers agrupados entre los 60 y los 80).

En esa generación está Ricardo Alía al igual que Mikel Santiago, Paul Pen o hasta los magistrales Víctor del Árbol y Juan Gómez Jurado. Y todos ellos, juntos a muchos otros, cultivan géneros oscuros, desde el thriller hasta lo policíaco y el misterio. Y todo eso me acaba sonando a series y referentes culturales emergentes en los compartidos ochenta. Solo que la gracia reside en, más allá del guiño de los que somos X, llegar a todo el mundo con sus tramas intensas. Y Ricardo Alía lo hace muy bien.

Top 3 novelas recomendadas de Ricardo Alía

El peón envenenado

El ajedrez y su poder literario y hasta metafísico. En sus escaques la eternidad se intuye como una progresión inacalzanble. En sus figuras se representan símbolos y en sus movimientos destinos.

Si lo sabrá Pérez Reverte…, pero Ricardo también sabe de ajedrez como algo similar a la religión. Y todo creyente acaba regresando al tablero aunque sea para ubicar una novela. 2003: Arturo Muñoz es un Gran Maestro ajedrecista que se enfrenta al peor desafío de su vida. Un asesino en serie apodado Cástor lo ha retado a una partida en Londres, en la que cada pieza capturada implica la muerte de inocentes.

1970: La segunda trama discurre en los años setenta y relata episodios de la niñez y del pasado de Arturo en Monroca, un pueblo de Extremadura, y el descubrimiento de su extraordinario talento para el ajedrez.1937: Ander Sukalde, un niño vasco, es enviado a Inglaterra por su madre para protegerlo de las represalias franquistas contra su padre, activista contrario al régimen.Las tres historias confluirán de modos imprevistos hasta llegar al inesperado final.

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El signo del dragón

Al final occidente y oriente no están tan lejos. Ambos rigen sus destinos con 12 animales. Aquí el zodiaco griego y allá su particular zoo. De una forma u otra un criminal siempre puede encontrar bueno cualquier año para matar, para reflejar su obra también movida por el devenir de los tiempos fijados por la fauna que toque. Aquí empieza una trilogía de Ricardo Alia inquietante como todo buen thriller policíaco debe ser.Enero de 2012, comienza el Año del Dragón, el único animal mi­tológico del Zodíaco chino, que representa la sabiduría, el poder y la riqueza.

Después de que ETA anuncie el cese definitivo de su actividad armada, la vida en la idílica ciudad de San Sebas­tián discurre serena y sin delitos graves. Pero la situación cambia drásticamente cuando se halla el cuerpo decapitado de un joven estudiante de bachillerato en la Facultad de Ciencias Químicas. La investigación recae en Max Medina, inspector de Homicidios de la Ertzaintza, cuya fuerte personalidad chocará con la de una nueva compañera recién graduada, Erika López, y con la del agente de la científica Joshua O´Neill. Los crímenes se sucederán en el Año del Dragón, un signo pro­penso a catástrofes naturales y acontecimientos trágicos.

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El vuelo de la serpiente

Lo cierto es que San Sebastián bien merece una serie de novelas. Por la belleza de su escenario urbano como de lugar encantado, por su espectacular orografía y por los contrastes y la pugna entre el mar y la roca que bordea la ciudad más allá de sus playas. Ricardo Alía supo rendir un buen homenaje a su ciudad.

Mayo de 2013, el Año de la Serpiente, el signo más ambicioso del Zodíaco que representa la astucia,el rencor y la venganza. Ha pasado más de un año desde que el caso del Asesino de Químicas sacudiese a la ciudad de San Sebastián. La primavera,  estación natural de la Serpiente, no ha empezado bien para la Ertzaintza, que se enfrenta a las desapariciones de dos chicas que parecen haberse esfumado sin dejar rastro. Para complicar aún más las cosas, un estudiante de Químicas aparece asesinado —desnudo y con un tiro en la cabeza—, sobre una escultura del Museo Chillida-Leku.

La enorme preocupación de Max Medina, que conocía a la víctima, aumenta cuando su compañera Erika López se ve afectada por un dramático acontecimiento que pone toda su vida patas arriba, y que incluso la convierte en sospechosa de un crimen. Asesinatos, secuestros, extorsión y agentes secretos hacen acto de presencia en el Año de la Serpiente, el único signo junto con el Dragón que tiene la virtud de renacer de sus cenizas, mudar de piel y tener varias vidas.

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