3 mejores libros de Michael Ondaatje

La literatura canadiense actual encuentra en Michael Ondaatje el tercer ángulo de un brillantísimo triángulo literario cerrado junto a Margaret Atwood y por supuesto la premio Nobel Alice Munro.

Llegado a la novela desde la poesía y finalmente extendiéndose hacia el ensayo o el cine, Ondaatje se reencuentra con sus lectores con esa cadencia imprevisible del narrador que solo se pone el disfraz de escritor cuando asoma una buena historia que poner negro sobre blanco.

Reconocido en mayor medida por su paciente inglés hecho oscarizada película, este gran novelista a tiempo parcial siempre ofrece un vistazo humanista de valor intrínseco, cargado de un lirismo del alma hacia la mimetización total con las vidas de sus personajes.

En los avatares que circundan la existencia, en los planteaminetos históricos y en los escenarios planteados por el autor. Todo queda impregnado por esa sensación de trascendencia de lo humano, recuperable quizás en sensaciones que se antojan perceptibles, como un aroma hecho literatura.

Top 3 novelas recomendadas de Michael Ondaatje

El paciente inglés

Si hay una novela más o menos reciente que concilie a lectores de bestsellers con exquisitos escrutadores del valor más purista de lo literario, sin duda esta historia se acerca bastante al virtuoso punto intermedio.

Como no podía ser de otro modo, el escenario perfecto de la Segunda Guerra Mundial para ubicar personajes al límite, sobre los abismos que se asoman a los honduras del alma hechas dolor somatizado.Un pequeño pueblo, o más bien lo que queda de éste, acoge a personajes llegados al lugar con la urgencia y lo imprevisible de la desesperación y la muerte. Hana es una enfermera en cuya vida de su último paciente enfoca el fin de su existencia última, su última oportunidad para encontrar algo de sentido a la hecatombe.

Caravaggio, el ladrón, intenta volver a imaginar quién es ahora que sus manos están irremediablemente mermadas. Kip, el rastreador de minas indio, busca artefactos ocultos en un paisaje donde nadie está a salvo excepto él. En el centro de este laberinto descansa el paciente inglés, completamente abrasado, un hombre sin nombre que es un acertijo y una provocación para sus compañeros, y cuyos recuerdos de traición, dolor y salvación iluminan la novela como destellos de luz ardiente.

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Divisadero

Ondaatje es un maestro en eso de narrar el sinuoso camino hacia la resilencia, entre senderos por donde se pierden jirones de piel incluso. Hasta llegar a un lugar a salvo, convencidos de que las heridas no son nada, más allá de la sangre que mana y se pierde conforme se conforma la costra y la cicatriz que ya nunca se borra.

Tras El paciente inglés, Ondaatje reafirma en Divisadero su extraordinaria capacidad para moverse en el difícil terreno de los sentimientos y para tratar las pasiones, las pérdidas y la persistencia del pasado. Un relato de inusual intensidad y belleza.En la más íntima y hermosa de sus historias, Michael Ondaatje narra la vida de Anna, quien tras un brutal suceso acontecido en su hogar, tendrá que dejar atrás la vida en la granja de California y empezar un nuevo camino en el sur de Francia.

Lejos de su padre, de su gemela Claire y de Coop -un misterioso muchacho acogido por la familia- encontrará en la literatura y en la reconstrucción de la biografía de un importante escritor la manera de conciliarse con su pasado.

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El viaje de Mina

El viaje como alegoría esencial. La vida como camino, aprendizaje, experiencias, aprendizajes y posteriores olvidos, desencantos y, por encima de todo, las pasiones, solo ellas capaces de movernos, de empujarnos a seguir andando pese a todo.

Eso sí, no es lo mismo la forma de emprender el camino de unos a otros. Quizás la necesidad empuje imperiosa a vivir por caminos sobre el abismo. La cuestión es que solo algunas vidas parecen exprimirse al máximo cuando se consigue afrontar el riesgo y salir de él liberado de miedos y culpas. A principios de los años cincuenta, Michael, un chico de once años a quien sus amigos apodan Mina, se embarca en un transatlántico que se dirige desde Colombo hacia Inglaterra.

En el comedor lo sientan en la modesta «mesa del gato», la más alejada de la mesa del capitán, con un excéntrico grupo de pasajeros y otros dos jóvenes, Cassius y Ramadhin. De noche asisten, fascinados, a los paseos por cubierta de un preso encadenado cuyo delito los obsesionará para siempre, mientras que la hermosa y enigmática Emily se convierte en la causa del despertar del deseo sexual. La narración se desplaza a los años de vida adulta de los protagonistas y pone de relieve la diferencia entre la magia de la niñez y la melancolía del conocimiento adquirido.

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