3 mejores libros de Irvine Welsh

El escritor escocés Irvine Welsh escribió a la primera quizás no su mejor novela pero sí la más reconocida gracias a su salto al cine. Y es que Trainspotting tuvo ese gusto a historia generacional del lado salvaje, de los extremos a descubrir por la juventud capaz de asomarse al abismo.

Pero en su irrupción literaria y por extensión también cinematográfica, Welsh también hizo gala de atrevimiento para sobreponerse al tremendo golpe de efecto de su éxito y continuar esa senda de narcoliteratura, o al menos de tramas en torno al universo de los estupefacientes y sus submundos.

Así que cuando buscamos experiencias fuertes, visitando ese lado salvaje de la vida que anunciaba Lou Reed en su famosa canción, siempre podemos reencontrarnos con Irvine y sus personajes nihilistas en ocasiones, marginales, inquietantes y radicalmente enfrentados a la vida.

Con un mundo creado en paralelo con Chuck Palahniuk, en cuanto a excesos y violencia como vertientes primarias de lo humano campando a sus anchas, la exportación de los ámbitos de nuestra realidad más cruda cobran otra dimensión.

Top 3 novelas recomendadas de Irvine Welsh

La vida sexual de las gemelas siamesas

Empecemos por lo diferente, por una novela que escapa de ese Edimburgo de suburbios y destinos arrasados por las drogas. Aunque no es que Miami sea el soleado lugar para la esperanza en curas, precisamente. Porque en esta historia el lado oscuro del alma encuentra nuevos espacios donde compendiar filias, fobias y nuevos excesos para hacernos ver la vida desde la claustrofóbica aunque magnética sensación de que todo está maravillosamente perdido.

En Miami conviven por un lado los cuerpos esculturales junto con la obesidad más desbocada en otros casos. Una de las poseedoras de un cuerpo escultural, la entrenadora personal y experta en fitness Lucy Brennan, se convierte en una heroína local cuando en plena calle desarma a un hombre con una pistola que estaba a punto de matar a dos personas.

La prensa sensacionalista la adora y rápidamente pone todo el empeño en convertirla en un fenómeno mediático. También queda prendada de ella una testigo de su actuación, Lena Sorensen, una mujer obesa, obsesa y deprimida. Fascinada por Lucy, Lena quiere contratarla como entrenadora personal para que la ayude a perder unos kilos.

Y cuando los destinos de estas dos mujeres antitéticas se cruzan, se pone en marcha una relación cargada de amor loco, obcecación compulsiva y sadomasoquismo, enriquecida con toda una parafernalia de esposas para inmovilizar, dildos y comida, mucha comida, además de un cadáver que habrá que esconder en algún lado. Y, mientras tanto, descubren las dos por televisión la historia deunas siamesas que han decidido operarse para separarse y de paso convertir la intervención quirúrgica en un espectáculo mediático.

El gran narrador de las adicciones, pone aquí el foco en algunas genuinamente americanas: el sexo, el físico perfecto, la comida, la obsesión por la fama y el empeño de los medios en convertirlo todo en un circo. Con Miami como escenario caluroso y colorista, esta novela nos presenta a un Welsh en estado de gracia, con una historia salvaje, enloquecida, desternillante y arrolladora. Un tour de force que aplica la lupa y las lentes distorsionantes a la realidad americana y sus excesos, con una explosiva combinación de culto al cuerpo, perversión sexual, obesidad y telebasura.

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Skagboys

En Trainspotting conocemos el qué pero desconocemos el cómo y el porqué. Que una juventud marginal acabe entregándose con los brazos abiertos a la droga tiene un innegable punto de generación perdida por algo, o de abandono generalizado más bien. En esta precuela conocemos los motivos para el desastre o más aproximados a los personajes ya conocidos en Trainspotting, el desencanto como germen de lo peor.

Edimburgo, inicios de la década de los ochenta. Margaret Thatcher aplica sus recetas de dama de hierro en Gran Bretaña y estallan las huelgas mineras, el paro crece a un ritmo enloquecido y la gente se pregunta qué demonios le está pasando al país. Y por si la situación no fuese ya suficientemente complicada para las cada vez más empobrecidas clases trabajadoras urbanas, la heroína y el sida empiezan a circular masiva y descontroladamente por las calles.

Y allí están Renton, Spud Murphy, Sick Boy, Begbie…, los personajes de Trainspotting, unos años antes de convertirse en los protagonistas de esa novela que supuso el deslumbrante debut literario de Irvine Welsh. En esta precuela igualmente arrolladora y feroz, pero más cargada de conciencia política y crítica social, el autor pinta un fresco demoledor de un país conducido al desastre por las salvajes políticas neoliberales y de una generación devastada por la heroína.

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Trainspotting

Siendo otras novelas de este autor igual de intensas e incluso más logradas en lo que al oficio de escritor se refiere, dejo en último lugar el boom de Welsh. Y sin embargo sé que no me ajusto a la realidad del fenómeno. Porque nada de lo posterior de Welsh alcanzó el eco de Trainspotting. Algo había además del oficio pujante de escritor aún pendiente de mejoras.

Se trataba del primer relato sin tapujos de los submundos a los que no pocos jóvenes viajaban en busca de la evasión de la heroína. Y aún en la imperfección en la forma de narrar, la historia ganaba puntos. Muy pocas veces alguien se atrevió a recomendar tan fervientemente una novela. «Merece vender más ejemplares que la Biblia», afirmó Rebel Inc., una insolente revista literaria escocesa.

De inmediato celebrada por los críticos más estrictos pero leída también por aquellos que raramente se acercan a los libros, “Trainspotting” se convirtió en uno de los acontecimientos literarios y también extraliterarios de la última década. Fue rápidamente adaptada al teatro y luego llevada a la pantalla por Danny Boyle, uno de los jóvenes prodigio del cine inglés.

Sus protagonistas son un grupo de jóvenes desesperadamente realistas, ni se les ocurre pensar en el futuro: saben que nada o casi nada va a cambiar, habitantes del otro Edimburgo, el que no aparece en los famosos festivales, capital europea del sida y paraíso de la desocupación, la miseria y la prostitución, embarcados en una peripecia vital cuyo combustible es la droga, «el elixir que les da la vida, y se la quita».

Welsh escribe en el áspero, colorido, vigoroso lenguaje de las calles. Y entre pico y pico, entre borracheras y fútbol, sexo y rock and roll, la negra picaresca, la épica astrosa de los que nacieron en el lado duro de la vida, de los que no tienen otra salida que escapar, o amortiguar el dolor de existir con lo primero que caiga en sus manos.

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