3 mejores libros de Erri de Luca

Quizá antaño la coincidencia generacional marcara de manera determinista el quehacer creativo de tantos autores afiliados, por gusto o sin apenas saber, a corrientes de turno.

La cuestión es que hoy dos narradores de los años 50, punteros en la narrativa italiana como Alessandro Baricco y Erri de Luca se parecen tanto como un huevo a una castaña. Y sinceramente es algo de agradecer que a estas alturas cada cual acabe creando, pintando, componiendo música o escribiendo, sobre y cómo le venga en gana.

El bueno de Erri De Luca siempre ha conservado ese punto lírico que embellece como un remate el trascendente alcance de lo pequeño, del foco lector que varía como un zoom para divisar las manos que acarician o el mismo gesto en medio de una gran tormenta, desde unas nubes negras que empequeñecen la figura de esas dos personas enfrentadas.

La vocación literaria de Erri no es que fuera algo muy precoz. Pero en el oficio de escritor, algunas veces se trata precisamente de eso, de acopiar vivencias, de entregarse a otros menesteres para acabar dando fe a posteriori de lo vivido y de las impresiones sobre todo lo visto, disfrutado, entendido o hasta maldecido.

Top 3 novelas recomendadas de Erri de Luca

La natura expuesta

Una acertadísima definición para describir nuestra verdad más honda. La natura expuesta sería algo así como dar la vuelta a nuestra piel para exponer el fuero interno de cada cual con las motivaciones y creencias que forjan el crisol de la voluntad. Una intención que, sin embargo, se conforma como uno de los mayores misterios: lo que realmente somos.

La voluntad del protagonista de esta novela es salvar vidas que transitan entre fronteras, como líricas metáforas de tantos tránsitos esperanzados en el incierto porvenir.En su pequeña existencia, reducida todavía más por el agreste paraje en el que lo ubica el autor, nuestro protagonista ocupa el tiempo libre que le ofrece esta actividad de particular sherpa hacia la liberación, en la escultura.

Su último encargo consiste en la restauración de un Cristo. Mientras ocupa sus manos en el repaso de esa representación entre lo humano y lo divino (metáfora de metáforas del hombre a punto de abordar su último camino más trascendental), la novela ahonda con un lirismo que sobrevuela la prosa y que alcanza a ese fuero interno donde conviven las pulsiones y la fe; donde se compensa la necesidad de mantenerse vivo confiando en que después habrá más vida, de otro tipo, asociada al alma que se supone nos corresponde como herederos del sacrificio cristiano.Nuestra natura expuesta es esa contradicción, es ese secreto jamás desvelable. El sexo como lo más elevado y a su vez lo más repudiado. Si un Cristo debe ostentar su sexo puede ser todo un dilema para el artista influenciado por la moral…

Los caminantes siguen llegando, ajenos a la dedicación fundamental de su salvador, esperanzados en nuevos mundos más allá de las fronteras, como nuevos Cristos entregados a la providencia.La fé y lo mundano. La vida en un mundo limitado de por sí y encerrado en fronteras para más inri (nunca mejor dicho).

Supervivencia instintiva y esperanza histórica en lo trascendental. La religión como pedestal para sacar lo mejor de nosotros mismos a la vez que fustiga nuestras conciencias. Lo pagano como lo que esencialmente fuimos.Novela hecha poesía y filosofía a un mismo tiempo. Un estilo literario que por momentos entre lo denso y lo ligero se asemeja a Javier Carrasco en su novela Intemperie.

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Los peces no cierran los ojos

El terruño y su fuerza telúrica. El magnetismo ejercido desde nuestro primer hogar tiene un componente de bendición y deuda con la tierra y como derivada una condena de la que no es fácil escapar por mucho que acabemos dejando ese hogar.

Porque como digo un sabio en alguna ocasión: nunca vuelvas a los lugares donde fuiste feliz. Y la felicidad es casi siempre coincidente con la infancia.«Nacer y crecer en Nápoles agota el destino: vaya uno donde vaya, ya lo ha recibido como dote, mitad lastre, mitad salvoconducto.» Un hombre recuerda el verano de sus diez años en un pueblo costero cerca de Nápoles, los años en que se anhela un futuro desde el que sólo se puede mirar atrás.

Entre la pesca y los libros, los paseos en solitario y los encuentros con los muchachos del barrio, transcurren sus días, hasta que conoce a una niña sin nombre que le descubre el peso de palabras como amor o justicia.

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El contrario de uno

Nunca está de más descubrir a un gran autor en esa vertiente de lo breve, de la narración donde lo conciso ajusta cuentas con todos los personaje y argumentos, tirando de su necesaria síntesis para cargar de símbolos, metáforas y finales abiertos que a la postre enriquecen cualquier narración.

El dos es el contrario de uno. «Esta noción, que», dice Erri De Luca, «contrasta con la aritmética, es la experiencia de estos relatos. Es una revelación, ni sacra ni profana». Entre el recuerdo de una generación valiente y la búsqueda existencial y política de una felicidad compartida se desarrolla la aventura de un solitario en el encuentro con la forma del dos. Una mujer entra en una habitación de invierno para llevar el inesperado calor de la alianza entre los cuerpos. Una monja espera pacientemente junto al debilitado cuerpo de un enfermo.

En estas historias repletas de pasión se declaran muchas formas en que la soledad, la sumisión y la muerte se contradicen. Dieciocho cuentos y un breve poema componen este espléndido recorrido por las raíces de uno de los mejores escritores italianos contemporáneos.

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