3 mejores libros de Erik Larson

Hay autores que disfrutan narrando en el umbral donde la sorprendente realidad se asoma a lo novelesco, al menos por lo soprendente de los hechos planteados. Erik Larson es uno de los más inquietantes. Porque tirando de conocimientos históricos sorprendentes, que parten de sus propias investigaciones, este narrador estadounidense nos conduce por un mundo que suena a desconcertantes ucronías pero que simplemente coexisten con nuestro devenir cotidiano de manera aparcada, soterrada, desconocida para los comunes. La vida siempre gana matices cuando un periodista, ejerciendo de cronista al detalle, nos acerca a ese conocimiento hondo de las cosas.

Imaginemos a un J.J Benítez a lo yanqui solo que un punto más oscuro, más tendente a la crónica negra, al crímen, a los complots para confirmar, derrocar o desestabilizar poderes. En uno u otro caso se trata de investigar, colmar de gotas de imaginación y acotarlo todo por una narrativa pragmática. Narrativa con inteligente uso del lenguaje para sombrear certidumbres y perfilar o remarcar lo que pueda ser suposición o ficción. Todo es cuestión de impresiones. La realidad es enteramente subjetiva y un buen narrador puede tirar de recursos para hacer literatura o prestidigitación literaria.

Si además el autor en cuestión es periodista se entiende entonces que ese manejo del relato sea cosa del conocimiento de recursos comunicativos que jamás usarían como meros transmisores de lo acontecido. Pero los libros son otra cosa, incluso los supuestos cánones de la Historia lo son. Y quien se sienta a leer un libro, sea incluso de ensayo, sabe que no va a encontrar, ni lo quiere, verdades a plomo ni axiomas de fe, biblias a parte…

Top 3 libros recomendados de Erik Larson

Lusitania: El hundimiento que cambió el rumbo de la historia

Es como tódo. Siempre nos quedamos con un ejemplo, quizás con el más anecdótico. Lo mismo pasó con la llegada del hombre a la luna. 12 fueron los astronautas que pisaron la luna en seis expediciones tripuladas en total. Pocos lo saben. El Titanic por su parte fue el gran hundimiento de la Historia, el paradigma de la vanidad humana derribada por la naturaleza. Pero ojo al caso del Lusitania, que aún fue peor.

Inmenso y lujoso, el Lusitania, que zarpó de Nueva York el 1 de mayo de 1915, era un monumento al orgullo y el ingenio de la época, el barco civil más rápido. Con el pasaje completo, partió con tranquilidad pese a la atmósfera bélica existente. La idea de que un submarino alemán pudiera hundirlo parecía absurda, un sentimiento del que se hacía eco la naviera: «El Lusitania es el barco más seguro del mar. Es demasiado rápido para cualquier submarino. Ningún navío de guerra alemán puede llegar a él ni acercársele».

Hacia las dos de la tarde del 7 de mayo, el buque recibía el impacto de un torpedo disparado por un submarino alemán. En apenas veinte minutos se hundió y hubo 1.200 muertos, la mayoría ciudadanos norteamericanos. Esta tragedia fue utilizada por la prensa para crear un clima de opinión propicio a la participación en la guerra. Pero ¿cuál es la verdad sobre este hundimiento? ¿Fue un hecho orquestado para justificar la entrada de Estados Unidos en la Gran Guerra? ¿Iba cargado con material explosivo para Gran Bretaña? ¿Pudo haberse evitado un desastre como este?

Con un rico elenco de personajes y un planteamiento original, Lusitania permite a los lectores experimentar el viaje y la tragedia en tiempo real, así como descubrir detalles íntimos que habían quedado ocultos por las neblinas de la historia.

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El diablo en la Ciudad Blanca

Toda historia nos descubre contrastes maravillosos ya sea en su luminosidad o por sus sombras. Entre las apariencias de la vida social y los sótanos donde cada cual guarda sus máscaras pueden acabar por aparecer infiernos insospechados. La idea de Jeckyl y Mr Hyde es una hipérbole demasiado cierta como para admitir que solo sea eso, una exageración…

Los dos eran inteligentes y tozudos, y el afán de triunfar los empujó cada vez más lejos: el arquitecto Daniel Hudson Burnham recibió el encargo de diseñar y construir los pabellones de la Exposición Universal de Chicago, que abriría sus puertas en mayo de 1893; Henry H. Holmes era médico y decidió aplicar sus conocimientos durante el evento expositivo de la manera más cruel. Mientras Burnham levantaba las paredes de unos palacios espectaculares, Holmes mandó construir, en los sótanos de su casa, unas salas de tortura en las que encontrarían la muerte un sinfín de mujeres.

Lo que parece la trama de una novela de horror fue a finales del siglo XIX una realidad que conmovió a un país entero y que tuvo como testigos de excepción a hombres tan dispares como Buffalo Bill, Theodore Dreiser y Thomas Edison. Las tribulaciones del arquitecto y el médico, ejemplos del orgullo y la más insondable maldad, llegan hasta nosotros gracias a este extraordinario libro, la historia de una locura.

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Esplendor y vileza: La historia de Churchill y su entorno familiar durante el período más crítico de la guerra

Churchill, el último pirata inglés encargado de repartir Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Un personaje de primera magnitud para entender la Europa de los aliados donde él era el interlocutor con los salvadores, el mensajero, el que acaba marcando la pauta en toda negociación. Un tipo que acuñara la frase «nuestros adversarios están enfrente, nuestros enemigos, detrás» sobre la vista de la oposición en el parlamento y los compañeros de partido en tu misma bancada… tenía que ser listo y prevenido como un zorro.

Se diría que sabemos todo (o casi todo) de Winston Churchill. Y, sin embargo, como en toda vida, siempre se nos escapa algo. Y es ahí, en esos resquicios dejados de lado por la historiografía oficial o crítica, donde entra el excepcional talento narrativo de Erik Larson. Circunscrito a un período muy concreto, de mayo de 1940 a mayo de 1941, el período más cruento del Blitz, este libro narra, casi como una novela, «cómo Churchill y su círculo sobrevivían cotidianamente: los pequeños episodios que revelan cómo se vivía de verdad bajo la tempestad de acero de Hitler. Ese fue el momento en que Churchill se convirtió en Churchill, cuando realizó sus discursos más impresionantes y mostró al mundo qué eran el valor y el liderazgo».

En esta obra tenemos al gran estadista, al orador y al líder que nunca parecía perder el norte, pero también al hombre que dudaba de sus propias decisiones, al aristócrata y bon vivant que echaba de menos la juventud, al sentimental y al iracundo. El poliédrico Churchill se construyó un personaje a medida de una Historia con mayúscula. Larson lo cuenta rastreando los claroscuros de las minúsculas. Al fin y al cabo, como dijo el propio Churchill a su secretario: «Si las palabras importasen, deberíamos ganar esta guerra».

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