Los 3 mejores libros de Edith Wharton

1862 – 1937… Cuando Scorsese rodó la pelicula sobre la novela de Edith Wharton “La edad de la inocencia” fue porque encontró en esta obra ese regusto paradójico entre los reclamos más internos y los encorsetados de las convenciones sociales.

Desde esa idea explotó en la película toda una tensión entre lo romántico y lo aborrecible de un destino que se aleja por la incapacidad de tomar decisiones consecuentes con los sentimientos.

Pero más allá de lo anecdótico de Scorsese que nos sirve como introducción, la obra de Edith Wharton brilla por ese expresión de las estrecheces de la moral en un Nueva York que aún no era el centro cosmopolita que llegaría a ser, pues se aferraba a lo tradicional frente a la paulatina llegada del mestizaje cultural que la identifica hoy y que entonces servía para cerrar más los círculos sociales de las élites bien avenidas.

Aunque Nueva York no es el todo de su bibliografía, sí que se convierte en el escenario principal de sus mejores novelas. Un Nueva York ambientado con el preciosismo de esta autora que diseña escenarios cautivadores de la época, donde también perfila personalidades de protagonistas con inquietantes aristas, sin olvidar ese punto necesario de feminismo que quizás fuera una válvula de escape para sus circunstancias personales.

Pero lo más curioso del asunto es que en muchas de sus historias, cargadas también de ironía y humor ácido, encontramos reflejos con la actualidad. Y es que historias tan humanas sobre las contradicciones entre las esferas más íntimas y las pautas externas de lo moral y lo social siempre permanecen vigentes.

Top 3 novelas recomendadas de Edith Wharton

La edad de la inocencia

Una inocencia aparentemente extendida a todo ámbito para la más tranquila aquiescencia de los patrones morales que buscaban su perpetuación entre las altas esferas sociales en un nuevo mundo que se resistía ya a estrecheces e imposiciones.

La condesa Olenska como el desencadenante más inesperado para esa transición hacia espacios más libres de la conciencia. Pero todo transición es dura para los pioneros. Olenska arrastrará en su visión de la vida a incautos habitantes de los viejos patrones morales encabezados por Newland Archer. Porque Archer ama o cree amar a May Welland. De hecho es más que probable que la pudiera haber amado sin más consideraciones de no haber llegado Olenska a sus vidas. La pasión se desata entre lo censurado, como siempre suele ocurrir con todo lo prohibido.

La angustia existencial de Archer apunta a esa ruptura con todo, mientras el mundo sigue conspirando contra él desde su mismísima mujer May Welland que quizás no busque exponer a su marido a grandes dilemas sino que pretende mantener el orden de las cosas. En un mundo que apuntaba a grandes cambios del nuevo siglo XX que asomaba en el horizonte, todo parece desestabilizarse, desde la particular pasión del funesto triángulo hasta el valor de muchas otras consideraciones sociales.

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La solterona

Una novela corta cargada de la intensidad de lo breve. El Nueva York de 1850 se prepara y engalana para una de las bodas del año o del siglo.

Los Ralston, a los usos y costumbres de las familias de rancio abolengo europeas se preparan para perpetuar una estirpe que controla lo económico pero que anhela un clasismo propio de los títulos nobiliarios suplidos con un mayor aferramiento a lo tradicional. Y claro, que la futura novia, Charlotte Lovell, llegue a los días previos al evento con una mácula incompatible con la grandeza del enlace puede resultar funesto.

La mala conciencia hace que Charlotte le confiese todo a su prima Delia, la gran referente del clasismo neoyorquino del momento. Y el secreto compartido se van encargado de corroerlo todo. Porque el respeto por los patrones también se extienden para Delia a la parcela de lo moral. Y la inquietante confesión se extiende como un negro augurio sobre los días venideros. Pero el show deberá continuar, lo imperativo del cruce entre familias favorece hacer la vista gorda.

No obstante, por algún sitio tendrá que brotar el desencanto, esa especia de traición de Charlotte que Delia asumirá como propio. Nada peor para el feminismo que una mujer enrocada en lo que debe ser y lo que nunca debe ocurrir. Porque el conflicto entonces está servido y nunca cejará hasta su más cruento fin.

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Las hermanas Bunner

Por una vez salimos de los ambientes elitistas del Nueva York de finales del XIX y viajamos hasta el cogollo de Manhattan para conocer a dos hermanas ya entradas en años, Ann Eliza y Evelina, quienes van saliendo adelante con su pequeña mercería de barrio.

Llegado el día de su cumpleaños, Ann regala a Evelina un reloj para que su hermana lo pueda lucir orgullosa y con el que ambas controlarán mejor el tiempo de trabajo en su pequeño local. El pequeño detalle del regalo sirve a la autora para desarrollar una madeja que salta de la particular relación fraternal hacia todo un universo social de la gran ciudad siempre cambiante, más aún en un 1892 asomado con vértigo a ese siglo XX visto entre la perspectiva de la modernidad y los miedos de los grandes cambios.

En el amable gesto de la hermana también se nos van despertando dudas y enigmas escenificadas con un rico costumbrismo de la época y del gran Manhattan cargado de millones de intrahistorias en ese gran hormiguero humano a orillas del Atlántico. Una novela curiosamente magnética desde lo pequeño, desde el detalle que se va equiparando, equilibrando y a la vez va sosteniendo el gran hilvanado de vidas y costumbres de la época. Una pequeña historia que parece salir de una cajita de rapé aromatizada con lo decimonónico y que acaba convirtiéndose en una gran caja de pandora hacia toda una gran ciudad.

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