3 mejores libros de Andrés Caicedo

De la desubicación de Caicedo en el mundo nació una de esas carreras frenéticas, en un equilibrio imposible entre creatividad y destrucción. Nadie mejor que él para atestiguar en su corta existencia la proximidad de dos polos que en ciertos espíritus son la misma cosa.

Solo así puede entenderse esa salida de escena de este colombiano engrandencido como mito una vez desaparecido con su verdad tan cruda, con su exigua vida como testimonio indudable de su verdad expuesta y abierta como una herida incapaz de cicatrizar.

Quizás a medio camino entre otros mitificados autores como Poe y Bukowski. Solo que con unas mayores gotas de lucidez de un testimonio jamás contrastable desde la madurez. Todo lo que hizo Caicedo lo hizo aún joven, confiando ciegamente en que la verdad, o al menos la oportunidad para vivir en plena autenticidad, contrastaba con todo engaño posterior, autoinflingiendo o domesticando a la conciencia.

Relatos, ensayos, autobiografías, alguna novela y hastas guiones. Todo lo firmado por Andrés Caicedo sigue llegando hasta nuestros días con esa vitola de un autor más que maldito rebelde con la única causa fundamental: la vida.

Top 3 mejores obras de Andrés Caicedo

¡Que viva la música!

La novela referente de este singular autor. La obra con la que se consigue esa conexión desde una estructura por momentos caótica.

La música como hilo que todo lo hilvana, con ese punto de salvoconducto hacia el prisma personalísimo del autor. Porque en la forma se trata de un viaje hasta la ciudad de Cali que acaba transmutándose a cualquier otro lugar, porque en esencia es percepciones de un alma inquieta, enfocada hacia lo experimental en cualquier ámbito. A la postre el testimonio de ese transitar sin remilgos por el mundo nos despierta a esa autenticidad que trasciende épocas y que convierte la juventud en el momento en el que todo es plenamente cierto, sin máscaras ni artificios. Para los más puristas la falta de una estructura convencional los aleja del valor humano de la obra. Para los que simplemente se abren a la literatura como cauce interior ningún inconveniente formal.

Y sí, descubrimos ese viaje, drogas mediante, a lo horroroso, a la frustracción nihilista de la química esencial. Pero solo desde esa amarga lucidez podemos sintonizar con la rabiosa veracidad del Caicedo que acabó trascendiendo de su época hasta la actualidad con su vitola de mito. Una vez más desde lo local, desde el escenario más conocido por el autor y en el que mejor mueve a sus personajes e incluso desde las referencias musicales más adheridas al propio autor, encontramos esa transversalidad enteramente humanística que se mimetiza en el mundo de cada lector.

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Mi cuerpo es una celda

Una biografía póstuma confeccionada desde la investigación sobre el personaje, desde el rescate de todo tipo de escritos del autor. Como la carta más extensa de un suicida que lo confiesa todo, mucho más allá de la simple confesión de los motivos superficiales.

El resultado despierta esa sensación extraña de leer acerca de una vida consumada a los veinticinco, antes incluso de más reconocidos y oscuros grupos como el de los 27, aquellos músicos que salieron de escena dos años después de Caicedo. Surgen dudas en este libro sobre la verdadera voluntad de morir frente a esas pulsiones de supervivencia de todo ser vivo reconvertidos en instintos racionales y espirituales de salvación.

El tormento de Caicedo se manifiesta en todo lo recopilado por quien compuso esta obra, Fuguet. Y al final la acertada composición entre las aficiones de Caicedo y sus visiones del mundo consigue ese valor autobiográfico desde el que se puede divisar a la persona tras el personaje, al temblor existencial, la debilidad, la esperanza entre fulgores de la lucidez cegador, búsquedas de engaño común en esa proyección que es el cine, otras vidas por vivir cuando la propia se sume en el vacío.

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Cuentos completos

La intensidad de lo breve posibilita otra suerte de desnudado de cada autor casi en versión poética. En la síntesis de los cuentos y relatos se manifiesta de manera más evidente la intención narrativa de cada autor, sus búsquedas y anhelos.

Para Caicedo no hace falta levantar un nuevo Macondo, con su Cali natal le basta y le sobra para transfigurarlo todo, porque cada ciudad, cada lugar son las impresiones con las que cada uno camina sobre ellas. En el Calicalabozo por donde deambulan muchos de los personajes de estos relatos de Caicedo, la vida se asoma con esa intensidad de quien se asoma a su última puerta, convencido de haberlo vivido todo, o al menos todo lo que merecía la pena vivir.

Cuentos existencialistas con imágenes rotunda desde la rebeldía y el inconformismo como esencia. Alienación en historias como “El atravesado” o su primer cuento “El ideal”. Esperanza mal pagada en otros como “Destinos fatales”. Un compendio de muchos otros cuentos que apuntan a ese devenir entre escenarios impuestos que acaban siendo derribados como trampantojos para acabar desnundando la vida.

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