3 mejores libros de Alice Kellen

La precocidad de la escritora valenciana Alice Kellen se ha manifestado en pleno equilibrio con su creatividad y capacidad para relatar ese universo de emociones juveniles caracterizadas en tramas que van más allá de lo meramente rosa y que se desparraman en un universo imaginativo.

Las comparaciones con otra autora de su generación como Elisabet Benavent se hace ineludible. Pero como siempre, la disputa creativa siempre va en beneficio de los lectores que en última instancia disfrutan con tramas bien trabajadas e incesantes aventuras vitales puestas negro sobre blanco.

Aquí un jugoso volumen para amantes de la Alice Kellen más intensa:

En el caso de Alice Kellen esas «aventuras vitales» se distinguen por un punto más existancilista si cabe, dentro de un género por supuesto juvenil, pero con esas ínfulas más trascendentales que engarzan muy bien con el sentir de las tempranas edades, abiertas en canal al amor y a los horizontes difusos de la vida adulta.

Top 3 novelas recomendadas de Alice Kellen

El mapa de los anhelos

El más importante mapa del tesoro. Lo que puedes encontrar en esa bitácora que viene escrita como el empeño de un destino… ¿Y si te diesen un mapa para descubrir quién eres? ¿Seguirías la ruta marcada hasta el final?

Imagina que estás destinada a salvar a tu hermana, pero al final ella muere y la razón de tu existencia se desvanece. Eso es lo que le ocurre a Grace Peterson, la chica que siempre se ha sentido invisible, la que nunca ha salido de Nebraska, la que colecciona palabras y ve pasar los días refugiada en la monotonía.

Hasta que llega a sus manos el juego de El mapa de los anhelos y, siguiendo las instrucciones, lo primero que debe hacer es encontrar a alguien llamado Will Tucker, del que nunca ha oído hablar y que está a punto de embarcarse con ella en un viaje directo al corazón, lleno de vulnerabilidades y sueños olvidados, anhelos y afectos inesperados. Pero ¿es posible avanzar cuando los secretos comienzan a pesar demasiado? ¿Quién es quién en esta historia?

La teoría de los archipiélagos

Cada cual en su isla, añorando la Itaca que los pudiera hacer feliz. Quizás la remota epopeya se pueda extender a la actualidad. Ulises de toda condición entre naufragios que aferran a la isla que ya somos sin disfrutarla en su justa medida.

«La teoría de los archipiélagos viene a decir que todos somos islas, llegamos solos a este mundo y nos vamos exactamente igual, pero necesitamos tener otras islas alrededor para sentirnos felices en medio de ese mar que une tanto como separa. Yo siempre he pensado que sería una isla pequeñita, de esas en las que hay tres palmeras, una playa, dos rocas y poco más; me he sentido invisible durante gran parte de mi vida.

Pero entonces apareciste tú, que sin duda serías una isla volcánica llena de grutas y flores. Y es la primera vez que me pregunto si dos islas pueden tocarse en la profundidad del océano, aunque nadie sea capaz de verlo. Si eso existe, si entre los corales y sedimentos y lo que sea que nos ancla en medio del mar hay un punto de unión, sin duda somos tú y yo. Y, si no es así, estamos tan cerca que estoy convencido de poder llegar nadando hasta ti».

Apasionante, intensa, desgarrada, tierna, la nueva novela de Alice Kellen, la autora de novelas ya inolvidables como Nosotros en la luna, El chico que dibujaba constelaciones o El mapa de los anhelos, es una bella historia que navega en el territorio del amor, la emoción más deseada.

La teoría de los archipiélagos

El chico que dibujaba constelaciones

La propia Valentina es la que nos introduce en su vida con esa proximidad que confiere la primera persona en la narración. Y si un aspecto gana cualquier relato con esa comunicación directa del tú a tú es que las impresiones pueden ser mayores, que las emocione se transmiten desde el epicentro.

El riesgo es caer en lo lineal desde el único prisma del personaje de Valentina (casi me sale Valeria como la otra gran prota de la escritora Elisabet Benavent). Pero la autora sabe sobreponerse a esos potenciales contrapesos desde la introducción total en la visión de Valeria y su descubrimiento del otro gran prota de la historia… Porque ahí está Gabriel, apuntando a esa idealización necesaria del amor para saber que realmente existe con su máxima intensidad, con esa sacudidad capaz de reajustar los cimientos de toda la existencia de Valeria para sacar lo mejor de ella misma, aparcando miedos y lanzándose a las decisiones sin prejuicios. Todo gracias a ese amor transformador.

El chico que dibujaba constelaciones

Otros libros recomendados de Alice Kellen…

Todo lo que nunca fuimos

Amor como placebo y posterior sublimación hacia la resiliencia. Amor frente a las peores fases que se extienden tras lo traumático, lo disruptivo de la vida que consigue arrancarte de su sitio con esa sacudida de fragilidad y dolor.

Leah parece capitalizar toda esta historia desde su alienante situación tras la perdida accidental de sus padres. Hasta que aparece en escena un Axel que la recoge en su casa en parte por amistad con su hermano en parte por solidaridad y en otra recóndita parte porque quizás el destino lo tenía así establecido. Porque sí, la cosa fluye entre ellos como esa juventud capaz de sobreponerse a todo y despertalos hacia secretos sostenidos entre ellos desde una química que se va despertando y que los va conduciendo hacia el descubrimiento de la necesidad mutua, de la pasión como reivindicación de la vida pese a todo.

Todo lo que nunca fuimos

Todo lo que somos juntos

Hay que reconocer que la felicidad, como los momentos inolvidables y los grandes amores tienen ese no sé qué de idealización, de chispazo capaz de mantenerse vivo en el recuerdo mientras no se dejen abrasar por el vago deseo de perpetuar la belleza de lo efímero.

Y claro, Axel y Leah nos aportan esa visión del encuentro en el momento oportuno, en medio de un desastre desde el que acabar sobrevolando como aves fenix ambos. Solo que el reencuentro entre ellos era inevitable. Y de hecho tampoco se pueden descartar como grandes oportunidades las segundas partes. La cuestión es dosificar para mantener el ideal del amor. Tres años después, un tiempo más que suficiente para volver a tomar el tacto a esa persona y sus nuevas circunstancias.

Ser los mismos pero no ser ya idénticos ni compartir el mismo tiempo. Lo de Axel y Leah es ese desafío al destino, ese gusto por lo fugaz, esa resistencia a lo cotidiano, ese recuperar tiempo después y hasta lo más hondo de lo físico, sensaciones de amor cierto, tangible. Solo que a nivel práctico, el reencuentro entre Axel y Leah quizás no sea lo más oportuno. Porque los años no pasan en balde en el plano de la realidad imperativa de las circunstancias.

Todo lo que somos juntos

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