Los 3 mejores libros de Stephen Hawking

El truco es la pasión, el empeño, la fe. Parece mentira que estemos hablando de ciencia y su divulgación. Pero es que todo aquel autor expuesto a la ardua tarea de la propagación de la sabiduría rayana con lo existencial desde la más profunda teorización científica, necesita por contraposición de esas manifestaciones tan subjetivas de la voluntad humana.

Ocurría con Eduardo Punset. O también con Oliver Sacks. Pero sobre todo sucedió con un Stephen Hawking que, pese a las trabas de su enfermedad degenerativa, hizo de su tiempo un referente científico de primerísimo orden a caballo entre los siglos XX y XXI.

Heredero de Albert Einstein, o más bien continuador y desarrollador, Hawking apuntó a los más profundos interrogantes sumidos entre dimensiones, valores relativos, singularidades de nuestro mundo suspendido entre muchos otros vectores que apuntan a esos grandes sumideros del cosmos que son los agujeros negros, capaces de devorarlo todo, incluso la luz, planteando los dilemas de la antimateria concebida en nuestra razón como una nada que trasciende lo semántico y se abre a los más afilados dilemas científicos.

Lo cierto es que para leer a Stephen Hawking siempre es mejor tener una base científica, unos conocimientos de física de partida con los que poder asumir tan erudita información temática.

Pero nunca está de más darse el gustazo de acercarse a alguno de sus libros para tomar esas ideas sobre las que cualquier imaginación dispuesta, puede tomar unas pautas y divagar sobre lo que aún no está determinado del todo.

Top 3 libros recomendados de Stephen Hawking

Historia del tiempo. Del big bang a los agujeros negros

Nada mejor que empezar por lo más pretencioso de un científico. Porque en esa especie de síntesis que supone este título se aborda el principio y el fin de todo, alfa y omega, la sabiduría del hacedor de todo, sea Dios o sea una corriente de energía inexplicable hasta este libro.

Newton esclareció los fundamentos gravitacionales y Einstein remató la faena con sus teorías relativizadoras. En este caso Hawking, con la necesaria perspectiva del paso del tiempo entre teorías, se propone la misión de extrapolarlo todo, de acercarnos a un cosmos empeñado en contradecir y proponer nuevos retos.

Hawking recoge el guante y nos abre la mente hacia planteamientos fascinantes sobre nuestro condicionamiento al espacio-tiempo y lo poco que supone en un entorno cósmico que acaba engarzando incluso con ese posible Dios al que ya apuntaba Einstein cuando indicaba que el creador no jugaba a los dados. Por supuesto, Hawking tampoco lo hace.

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Breves respuestas a las grandes preguntas

Lo cierto es que ese particular halo de superhombre, pese a econtrarse postrado a su silla por la ELA, siempre hizo que hasta sus últimos días se le viera como un gurú de nuestros días, como un faro de esa sabiduría que, una vez conocido casi todo acerca de nuestro planeta, se proyectaba hacia lo que queda por conocer (el 99,9% desde la exosfera).

Las breves respuestas de Hawking, esa síntesis con voluntad de entendimiento generalizado, no obstante se asumen mejor con nociones de física que no siempre se disponen.

Pero la mera lectura de un libro como este supone ese gusto del reconocimiento de lo que somos capaces. El ser humano, o al menos un ser humano como Hawking pudo albergar en su imaginación proyecciones sobre el devenir del mundo.

Un mundo entendido desde lo antropologico hasta lo astronómico. Y cuando profanos como nosotros conseguimos rozar ese acercamiento al saber, disfrutamos como enanos que aprenden a dar sus primeros pasos sobre un suelo que poco a poco parece más firme.

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La clave secreta del universo

El híbrido perfecto entre dos polos que necesariamente se atraen: la sabiduría y la infancia. Una obra entretenida e ilustrativa para compartir con nuestros hijos o nietos.

De la mano de la novelista e hija de Stephen Hawking, Lucy, disfrutamos con una obra científica novelada. Porque el peso de la participación del genio se compensa con esa vuelta a la infancia representada en el pequeño George, quizás la imagen perfecta del ser humano que puede seguir mirando a la cúpula celeste plagada de estrellas con las mismas dudas de antaño.

El joven George es muy inquieto, necesitado de respuestas. Su familia, representando a esa censura que toda investigación histórica siempre encontró, no comulga mucho con esas ansias de saber del niño.

Pero la naturaleza, sus causalidades y casualidades siguen siempre su curso. Y si George estaba predestinado a saber tendrá la oportunida de hacerlo. Y con él, todos nosotros.

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