3 mejores libros de John Berger

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Algunas combinaciones creativas son siempre enriquecedoras. El poeta pasado escritor o viceversa, el músico convertido en poeta que incluso acaba ganando el premio Nobel de Literatura (guiño al caso Dylan) En el caso de John Berger hay que hablar del paso de las imágenes más físicas de la pintura a las imágenes y símbolos literarios que generan la visión final desde el interior del lector que compone el mosaico de la idea, la expresión, la descripción o el personaje.

Y el crisol creativo se prolongó durante toda su vida. Pintor y escritor o escritor y pintor dependiendo del momento. Sin olvidar muchas otras incursiones en artículos, críticas e incluso guiones para la gran pantalla. La cuestión es que en Berger encontramos a ese referente por lo emblemático a la vez que por lo netamente creativo (en lo estrictamente literario para esta entrada, por supuesto, porque la pintura en mi caso es un universo lejano)

Se puede escribir sobre el arte, plantear grandes argumentos de ficción o explayarse a gusto en riquísimos ensayos. La literatura siempre puede dar cobijo a toda esa suma de ideas que la contemplación de un cuadro puede despertar y que, pese a las limitaciones de la palabra, solo con ella podemos tratar de cubrir matices técnicos o sensaciones generales.

A todo ello se dedicó un Berger que analizó y divagó sobre distintos pintores y en torno a sus obras, con un seguimiento narrativo que evoca a la suma de pinceladas que componen la vida, que despiertan el genio creativo, que potencian lo más humano que nos queda: la expresión artística.

También su extensa obra cobra un punto autobiográfico en algunas ocasiones o termina por alejarse de vez en cuando del arte para contar simplemente la historia de un médico perdido en un pequeño pueblo o para ofrecernos una fábula que acaba siendo una hiriente sátira de nuestro mundo.

Variedad en un conjunto de libros de su puño y letra siempre sorprendentes.

3 mejores libros de John Berger:

  1. G:  Una novela que recuerda aquello de Cherchez la femme. La mujer como el motivo de todo para la noción del hombre. El sexo como un hecho cambiante que va equiparando a mujer y hombre en su conversión hacia lo placenteramente conjunto. Pero no hablamos de una sexualidad reciente, nacida desde la plena integración feminista en un mundo lastrado por lo masculino. Sería demasiado fácil plantear esta historia en un escenario actual. Viajamos hasta un mundo de reminiscencias decimonónicas y de extrañas luces de un siglo XX que espera su baño de sangre en la Europa de los nacionalismos. Sangre y sexo como trasfondo para un lienzo de su misma intensidad. El señor G es el hombre de ese principio del fin que fue el siglo XX. En torno a él van sucediéndose las cosas tremendas y esclarecedoras, como los claroscuros de un cuadro solo entendible desde el futuro de un lector que lo contempla todo con la omnisciencia de la perspectiva externa. Sexo y evolución, y materialismo histórico y comunismo y arte. Una novela imposible para alguien que no sea pintor y en cuyo esquema inicial de obra se establezcan perfiles a carbón en lugar de ramas de una historia. El resultado es el cuadro que enmarca todo lo sucedido en un tiempo en el que pasó de todo. Solo que, al leer el cuadro en lugar de verlo, nunca podemos llegar a discernir del todo quien es G.
  2. El último retrato de Goya: Cómo no, Goya, el pintor de pintores desde un pequeño pueblo de mi querido Aragón. Sin duda alguna Goya es un escritor al óleo. Lo que el genio aragonés era capaz de plasmar en sus pinturas se convierte hoy en día en una aventura a disfrutar, a medio camino entre El Quijote y las Luces de bohemia. Se trata de la Historia de España desde los privilegiados ojos del creador, cuyas manos y pinceles transmiten emociones y las despiertan en un espectador del siglo XIX o del siglo XXI. Cuando no se trata de composiciones apabullantes de grandes dimensiones, encontramos al Goya de los relatos, de los grabados como instantes hechos inmortales al aguafuerte. Y para cada periodo creativo deja ese rastro del cambio, de la variables emociones que nos embargan según las circunstancias. El retrato de España con sus claros y oscuros, con sus brillos y sus deformidades propios del transitar entre los siglos XVIII y XIX. No es de extrañar entonces lo interesante que me parece este libro El último retrato de Goya, con su intención de aportar semblanzas de uno de los creadores universales, sobre todo por su capacidad para sintetizar y mantener siempre vigente la impronta de lo esencialmente humano en la creación artística.
  3. Hacia la boda: Hay cuadros repletos de detalles y símbolos. Me refiero a casos como el de “El jardín de las delicias” de el Bosco o “El Guernica” de Picasso. Y esta novela es un mismo mosaico de fondo interminable, en el que se pueden descubrir nuevos matices en su suma de personajes, en el cruce casual de sus vidas, en sus proyecciones que se aproximan o se alejan, según el momento. Todo empieza con la boda de una hija para la que se preparan a viajar el padre y la madre, cada cual desde su destino dispar. En la boda se juntan no solo los padres sino una serie de personajes que desnudan miserias y símbolos y que celebran con la teatralidad de una vida expuesta a la misma luz de un sol y sin embargo colmada de infinidad de matices pincelados por personajes con grandes secretos que finalmente manifestar.

 

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